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Cultura con un click

Oxidarse o resistir

El Teatro Flores se colmó de sentires de todo tipo para estallar en un conjunto de noches que no serán presas del olvido jamás. Evidentemente, las conmovedoras letras y las melodías , hicieron junto con el público que la “H” nunca muriera. Una banda que con determinadas letras hacía emocionar hasta las lágrimas a más de un metalero. Digo esto porque “Hermética” evidencia no sólo las carencias humanas y sociales, sino también la sensibilidad fraternal tan controvertida que nos caracteriza. Con respecto a eso, el mensaje parece invitar a formarse una coraza para bancar esta vida que es muy dura. Para afrontar esto, evitemos el ablande. Con “Hermética” en el escenario, las emociones estallan buscando un sentido a todo esto, que parece no tenerlo. Nacimos para morir y esto nos acompaña toda la vida haciendo necesario olvidarlo. Pero “Hermética” lo recuerda con cada canción: ¡Basta de tanta hipocresía! Si venimos al mundo, revirados y absurdos, ¿Por qué naturalizar las injusticias y las supuestas razones que nos imponen? ¿Cómo no nos vamos a preguntar qué es lo que pasa? Si la razón va para un lado y el cuerpo pide estar en otro. ¡Únicas son las personas que se piantan ante la vida! ¡Razonables y cuerdos son quienes viven como hormigas cronometradas!

“Hermética” es un grito a la fraternidad y a juntarnos entre las personas que en algún momento decidimos resistir en el mientras tanto. Probablemente, se nos haga más vivible buscando algún licor que aturda o alguna atmósfera parrillera. En fin, placeres que no demacren el cuerpo ni lo anestesien en el egoísmo de las mayorías. Siempre cuidándonos entre nuestros pares. El epistemólogo, Miguel Benasayag, una vez dijo que el fascismo se relaciona por continuidad con las demás personas. Es decir, que para un fascista, el individuo es lo más preciado, luego sigue su hijo, después su familia más cercana, y finalmente su vecino. El resto forma parte de un “otro” que no existe para el fascista, o mejor dicho, si existe es una amenaza. Contrariamente a esto, en una parte de lo que puede significar “Hermética”, uno puede encontrar los principios más fraternales de la amistad y del “cuidarnos entre todos como iguales”. Como por ejemplo, en los pogos. Donde se juega a un baile en el que la euforia y la energía convergen para sacudirnos colectivamente todas las angustias. No es otra cosa que una reunión de amistad y rezongo por las injusticias con las que convivimos en sociedad todos los días. Aunque, también, en esos instantes, uno encuentra un abrigo ante el reconocimiento de una humanidad muy trágica debajo de nuestra propia piel.

Las letras eran escritas por Ricardo Iorio, donde hay tintes muy coloridos que van desde la reivindicación de los pueblos nativos, hasta un nacionalismo claramente marcado. Pero lo que se mantiene durante gran parte de la lírica de la banda, es un reclamo por la moral perdida y una reivindicación de la coherencia, casi como si de cambalache se tratase. Sin embargo, la coherencia es un principio que está un poquito sobrevalorado, y más aún en la carrera de Iorio. Él mismo, es una prueba de ello, que hace poco expresó su molestia al enterarse de que los mapuches cantan las estrofas de su canción “La revancha de América”, para identificarse en la lucha por sus tierras ancestrales al grito de “¡ni argentinos ni chilenos, mapuches!”. Y resulta que ahora parece que Ricardo quiere re-grabar la canción, con su actual grupo solista, y cambiarle la letra para hacerlos quedar a los mapuches “como aliados del enemigo contra la patria”. ¿Acaso no cantaba hace 20 años por la revancha de los pueblos nativos? ¿Qué pasó con eso de la coherencia? Pensarla como un principio a lo largo del tiempo, puede ser peligroso en un mundo en el que la razón jamás tuvo dueño. Es decir, se patean los tableros de este juego constantemente y se escapa el sentido de las cosas. Lo que le da un sentido homogéneo al mundo son las convenciones. Tácitamente hoy nos ponemos todos de acuerdo en que la tierra es plana, mañana estaremos convencidos que es redonda y pasado juraremos que es amorfa. Y al agotarse una convención, se reemplaza por otra. Al menos, racionalmente se evidencia que ninguna es mejor o “más verdadera” que las otras, es sólo cuestión de fe. A lo que voy es que en definitiva, si hago hoy, como hacía ayer, mi acto queda sin efecto. Porque la digestión del mundo no se detiene. Ayer, no es hoy, y lo que haga va a perder sentido. El entorno vive en constante cambio junto con mi cuerpo, y no reconocerlo, sería dejarse mentir. Como Ricardo Iorio, que de pendejo cantaba en contra de los represores y hoy se saca una foto con Biondini, (referente de “Bandera Vecinal” y reconocido nazi). El escritor Ariel Pennisi, llama al querer estar tranquilo y vivir para que todo se mantenga igual, una “atmósfera de hielo”. En donde la conservación del propio cuerpo, de las convicciones, y el “romperme el orto sin que me rompan las bolas” que lo suele activar el trabajo, no son otra cosa que fascismo. Y como decía anteriormente, de este tipo de valores es de los que se nutre en su raíz. Por eso, creo que es preciso superar ciertos totalitarismos de pensamiento que no sólo se restringen al fascismo, sino que también se activan en otras sensibilidades ideológicas.

En el contenido lírico de “Hermética” hay una constante defensa del modo de vida del laburante. Era una banda de camioneros, operarios y obreros que cantaba sobre sus desgracias hacia un público que pasaba por las mismas desdichas. Conmovedoras letras como “Gil trabajador” narran las penurias de las que no puede escapar cualquier laburante que mientras se rompe el lomo por un mísero sueldo, ve como el policía y el ladrón “se la llevan de arriba”, pero así y todo prefiere seguir siendo un trabajador. Por desgracia el trabajo constituye lo que se es. Porque si el trabajo es lo bueno y necesario, ¿Qué será de mi vida cuando deje de trabajar? El tiempo y el cuerpo son nuestra vida, y ésta se termina todos los días. Quizás mejor resulte arder en experiencias cada día, para no tener que correrle un telón al corazón. Porque en definitiva, hoy lo que puede significar la “H” es una fuga a todo lo mencionado. El escuchar los riffs del trash tan parecidos a nuestro cotidiano, tan parecidos a nuestros sentires, tan espejos de nuestro animal. También lo sea, tomarle las riendas al deseo, no para domarlo, sino para transformarlo en un hecho. Desandar una batalla interior para sacudirnos las cadenas, y no perder tiempo afuera en el mundo, donde no hay más que ilusión. O como diría Pennisi: “ser una autonomía vital, antes que contractual, contagiosa antes que persuasiva, cooperativa antes que competitiva, ético política antes que moral, libertaria antes que delegativa, expresiva antes que representativa”.

Evidentemente, en “Hermética” uno puede encontrar muchas interpretaciones, y ésta es sólo una más de todas esas. Aún así, hay puntos que se enhebran y pueden tejer muchas reflexiones. Ésta es mi reflexión de hoy, mañana será otra. Porque cuando las piernas de la verdad se tiemblan, la coherencia se desarma y el sin razón se desnuda.

Facundo Ramirez
Facundo Ramirez Editor

Estudiante de Comunicación Social. Colaborador de ANRED por medio de la redacción. Director y guionista de la productora Señal Primate

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